Nunca alcanzarás la gloria sin haber mordido algo de polvo, sin haber descendido a lo más profundo del infierno, sin haber conocido la cara más amarga de la vida. Y entonces, ¿qué? Entonces, enhorabuena, estás preparado para sobrevivir a lo que sea, al mayor de los ciclones, a la más fuerte de las tormentas, al más cruel de los temporales. Y sobrevivirás, y sonreirás cada vez que seas consciente de que nuevamente te has salvado, con ayuda o sin ella, no infravaloremos el mérito propio, por muchas manos que se te tiendan y mucha gente que te sujete, de ti depende el volver arriba, dejar de hundirte, flotar otra vez.
Y lo has conseguido, lo hemos conseguido. Eso nos da el derecho, mejor dicho, nos da la obligación de que de aquí en adelante vivamos, siempre al límite, siempre arriba, los malos días serán descansos a las comisuras de los labios cansados de tanto reír, serán transiciones entre un buen momento y otro.
Transiciones necesarias.
N*
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