Borro cada noche los recuerdos del día,
reseteo.
Si no, tiendo a recrearme en las cosas una y otra vez, releer, recordar,
y resentir. Para bien y para mal.
Pero aprendimos que el viento sopla cada día en una dirección y tú eres veleta.
Veleta cambiante, veleta imparable.
Por eso ahora no vivo de recuerdos,
vivo de presentes, incluso los que no son regalos y los moldeo, lo intento al menos.
Y no se me está dando tan mal.
Miro orgullosa a donde hemos llegado, lo echo de menos, claro que si joder, yo siempre fui la que más disfrutaba con todo esto,
pero también la que más sufría. Y ya no.
Ya basta de juegos peligrosos que nos llevan al límite, límite que me saltaría cada vez que bebo de más y pienso de menos, que siempre acaban mal. Que no, que ya no.
Día nuevo, recuerdos nuevos.
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