martes, 17 de junio de 2014

No voy a cambiar, hoy no

Sigo tomando el café con leche muy corto de café. ¿Te acuerdas? Y cada día voy a peor, cada vez me pongo más histérica cuando no traen lo que pido, y digo yo, ¿qué les cuesta joder?  Me acuerdo que te reías y siempre me decías que eso ni era café ni era leche, que no era nada. Y yo te escuchaba mientras removía la sacarina. Sí, siempre sacarina.

Sigo bebiendo ginebra, a veces con tónica, para a ver si por arte de magia aparece aquel gin-tonic prometido, aquella noche de pizza y alcohol. Sigo esperando.

Sigo teniendo problemas, y ahora no los guardo en un segundo plano para escucharte a ti. Hace tanto que no te escucho que no sé si habré olvidado tu voz. Y no lo echo de menos. No sé qué día pasó, pero de repente me di cuenta que ya no te necesitaba. Que ya no dolía sonreír. Y no he dejado de hacerlo desde entonces.

Sigo buscando un mundo mejor, las utopías no se han ido de mis sueños, y cada día las veo más cerca y a la vez más imposibles, no sabría explicarlo.

He empezado a olvidar de que hablábamos cuando hablábamos, juro que intento hacer memoria y recuerdo cosas, pero pocas, difusas, como si hubieran pasado muchos años, incluso vidas desde todo aquello. Y me jode, quisiera recordar todo, por lo de no cometer los mismos errores dos veces. Y me alegro, recrearse en el pasado siempre es una puta mierda.

Me sigue dando vértigo la muerte, las caídas sin fondo, los precipicios eternos y la felicidad. Pero cada vez me gusta más la adrenalina. Cada día necesito más mi dosis de locura. Mi rincón de irrealidad. Mis sonrisas a desconocidos. Las miradas que desnudan en el metro. Que alguien te roce la mano y ni siquiera mire atrás.

Y aún me voy tarde a dormir, me sigue gustando trasnochar, me sigue gustando perder las horas de sueño en compañía, incluso en la distancia. Y por las mañanas el sueño me mata, pero no voy a cambiar, hoy no.

Mañana, quizá tampoco.

N*

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