He huido en busca de otros amaneceres
pero tranquilo, no lo hice por comparar,
sé perfectamente dónde tengo el corazón,
lo que a veces se me olvida es dónde reside la razón.
He cansado a mis pies de tanto caminar
en busca de unas vistas en las que quedarme muda
pensando en no haber visto algo tan impresionante en tiempo.
No confesaré que no lo he conseguido.
Y juro que no es cuestión de comparar.
He pasado calor y frío, pero no ha sido ninguno comparable
a las soledades que respiro a veces entre mantas y tus manos,
no sé es tan difícil de explicar que no sabría por dónde empezar.
Por el principio, seguro que dirías, pero
realmente ¿Cuál es realmente el principio?
A juegos de orgullos y sentimientos
siempre tengo las de perder,
pero lo de las derrotas es lo mío,
así que acepto el reto. Acepto perder.
Si no vas a buscar más deja de al menos buscar,
que de idiotas que no saben lo que quieren
tengo lleno el cupo, ya no cabe uno más.
Lo malo de cuando huyes es cuando decides volver y no sabes
qué es lo que deberías encontrar a la vuelta,
qué es lo normal, lo esperable o lo deseable.
Yo esperaba verte.
Y debo tener cerrados los ojos porque no te encuentro
ni siquiera entre las líneas de alguna historia antigua
de esas que te contaba mientras hacías que me escuchabas,
pero no.
Tranquilo, siempre lo supe.
Buenas noches, ya no sé si apagar la luz
o si dejarla para que me alumbre los sueños.
Tengo miedo de que haya demasiada oscuridad,
que ya no encuentre luego la forma de salir de ella.
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