Yo no es que deje pasar trenes porque quiera
es que siempre me dio miedo subirme en marcha
y hace demasiado que ninguno se para en la estación.
Sentada en el andén miro siempre en ambas direcciones,
lo de que la esperanza es lo último que se pierde empieza a
sonarme a más palabrería que realidad.
Ya no hay ganas de seguir esperando, miro mis pies
y sé que podría llegar por mí misma andando.
Ya me lo advirtieron, que era más fácil que no qué que sí.
Pero sigo sin escuchar a quienes quieren que quiera
a quienes me dicen que salte, que una vez puestos los pies
el resto es seguir adelante, por puro instinto.
Pero de corazonadas llevo una vida hecha,
todo los caminos los he empezado por algo,
y a veces por alguien, también.
Y me han traído hasta aquí,
que podría haber sido peor, de acuerdo,
pero todos sabemos que no estoy donde quisiera.
Se acerca, se parece, pero falta eso.
Justo eso.
No fue una casualidad supongo, nada lo es,
y cuando llovía yo traía paraguas,
y muchas ganas de resguardarte de una lluvia
que no mojaba, pero nos dejaba helados
sin esperanzas y con muchos miedos.
No fue suficiente.
Acabamos por morirnos de miedo.
N*
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