Que no sé qué pasa que siempre estoy viviendo a años luz de ahora,
siempre en busca de futuros que mejoren lo presente.
Siempre inconformista de una realidad que no permite las luces de neón
y así no hay forma de ver en la oscuridad que dejas cuando no estás.
Y son tantas las horas ausentes, que aquí los días duran más que allí.
He escrito demasiadas listas de deseos que no cumpliré,
por eso de la cobardía que me sujeta los pies al suelo y me impide volar.
Te he visto desde abajo tantas veces que ya no es admiración, es envidia.
Me pesan los párpados, ya no soy capaz a mantenerme despierta
y no vas a venir a taparme esta noche por si hace frío.
Ni siquiera me llamarás para desearme eso de las buenas noches
que mejor contigo, pero que sobreviva sin ti.
Todo eso, ya sabes.
Amanece por inercia, no porque lo esté esperando
y veré ocultarse el sol demasiado tarde, siempre es demasiado tarde.
Me he acostumbrado a la poca luz, y el sol me quema las retinas
vacías y solitarias desde que no te ven dormir.
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