lunes, 29 de diciembre de 2014

La libertad o la falta de cadenas


En un momento que presumimos de modernidad
de dejar atrás hábitos y costumbres retrógradas,
que nos jactamos de vivir una libertad ansiada
justo ahora, lloramos por unas cadenas
que no quieren amarrarnos.

Llevamos candados en los bolsillos
porque queremos ser de algo, de alguien
y saber que no estamos solos al final.
Que alguien llora cuando la cagamos
que alguien sueña con dormir a nuestro lado.

Pero nunca en alto.
Nunca admitido.
No vaya a ser que no seas…
que sepan que eres…

Ponemos guantes porque no tenemos quien nos caliente las manos
y ya nos duelen de frío. Y de soledad.

Caminamos con la cabeza alta y la bandera de la independencia
ondeando tras nuestros pasos.
Por delante vemos el vacío. Pero callando.

Guardamos lo que soñamos bajo una almohada
que está harta de ser la única compañera
en noches de vela, en inundaciones,
en terremotos.
En la más absoluta y escalofriante calma.

“No son buenos tiempos para los soñadores”.
Y qué razón.

N*

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