martes, 16 de diciembre de 2014

Cinema Paradiso


Existen torturas que escogemos voluntariamente.
Y yo te escogí a ti.
Te sigo escogiendo.

Una vez viví en una película de Hollywood,
aquello tuvo final feliz,
hasta que dejó de serlo.

No me asusta el fin de los finales,
sino la falta de los principios,
la confusión de argumentos,
la mala interpretación de la sinopsis.

Y estamos de película en película,
esperando que en 90 minutos,
120 como máximo,
tengamos claro que acabará por pasar.

Y luego presumimos de no querer saber,
de vivir al límite,
de lo bueno de la incertidumbre,
de los sueños que si se cuentan no se cumplen.

Pero no son pocos los que leen la última frase
de un libro antes de atreverse a sumergirse en él,
¿cómo podemos esperar que se metan en esto
cuándo el riesgo a la caída es cada vez mayor
y ya nadie sujeta una red bajo nosotros?

Y volviendo a eso de las torturas,
dime que me vas a llamar esta noche,
otra vez,
que yo te estoy esperando.
Ya dejo en la mesilla el alcohol
que cure luego las heridas.

No renuncio a la felicidad,
simplemente he dejado de buscarla
donde solía hacerlo.

N*

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