Cada vez duermo menos
y sonrío más.
Ya ves, no es imposible.
Canto a diario, pero dentro de mi cabeza
soy consciente de lo poco apetecible que resulta
para los demás tener que soportar mis desafines.
No sólo me pasa en la música
hay otras muchas materias
en las que tampoco ando nada afinada.
Tengo frío el día que más calor hace
y luego me asfixio en diciembre.
Y no son coincidencias.
Coincide con algunas ausencias.
Nos comunicamos con metáforas
porque siempre nos pareció demasiado real la realidad,
muy aburrido eso del aburrimiento
y demasiado solos en aquella soledad.
Suma y sigue.
Días y noches.
Veranos e inviernos.
Sigue sumando que cuando empecemos a restar
quedaremos en números rojos,
debemos demasiado,
pero es que siempre se nos dio bien eso de querer
por encima de nuestras posibilidades.
Bueno, quizá querer no es la palabra
que te quiero
que nos queremos,
de eso no hay duda.
Sólo dudamos cuando caminamos en trazos finos
con miedo a salirnos
como los niños que caminan
saltando las baldosas de colores,
evitando pisar las rayas blancas de los pasos de cebra,
imaginando un peligro de caída sin red.
Soñando alto,
viviendo a ras del suelo.
Estoy teniendo tanta paciencia
que no me reconozco a mí misma.
Y no sé si me gusta.
O si quisiera volver a.
No es la única faceta desconocida que ando explorando,
y debe ser que tan mal no me va
porque seguimos,
incluso si,
y a pesar de.
N*
No hay comentarios:
Publicar un comentario