jueves, 17 de julio de 2014

...y espero.



Siempre tuve miedo, incluso en estos tiempos en los que me las doy de valiente. Sigue habiendo preguntas que me muero por hacer con respuestas que no quiero oír, pero la duda crece cada día, como crecieron las demás cosas, rápido, fuertes, agarrándose a nosotros, echando raíces en suelos de asfalto.

Dudo porque no hay nada claro, porque nunca sé que va a pasar en el siguiente movimiento, no sé si eres un experto en ajedrez con una estrategia bien estudiada o simplemente un kamikaze que no se para a pensar en las acciones ni en las reacciones que conllevan. Y no sé qué prefiero, la verdad.

No pregunto porque tengo miedo que la respuesta revele cosas que no quiero ver, que quizá están claras desde el primer día, que mi ceguera impide ver. No lo sé.

Me quedo con la incertidumbre porque eso me permite seguir soñando despierta, seguir volando a paraísos perdidos como aquellos que planeamos invadir las noches en que dormíamos poco y reíamos mucho. Nos siguen esperando. Seguimos esperándote.

Intuyo en lugar de confirmar porque siempre tuve el don de ver y acertar, pero contigo no funciona, o quizá es conmigo con quien pierdo la claridad, puede ser, nunca pude predecir en qué piedra volvería a caer, ni en qué noche lloraría hasta quedar dormida.

Espero porque dicen que lo bueno se hace esperar y que lo mejor aún está por llegar. Espero por si vienes tú. Sonriendo, protestando, hablando sin parar, escuchándome sin perder la paciencia, mirándome como sólo tú haces. Por si vienes.

Dudo, no pregunto, me quedo con la incertidumbre, intuyo y espero.

N*

No hay comentarios:

Publicar un comentario