jueves, 24 de julio de 2014

7 de abril

Vivir como obligación. Ver pasar los días sin ninguna otra motivación. Sigue saliendo el sol por el este y sigue brillando la luna en las noches despejadas. A veces.

Caminar sin camino, y sin hacer uno al andar. Ir por no quedar y estar por no irse. Ausentes. Aquí pero allí. Sola entre tanta gente. No hay sonrisas de buenos días, ya no quedan buenos días. Ni la esperanza queda para dar un empujón a estos 365 que hay por delante.

Primer año sin ti. Primer lunes de verano sin reloj, primer domingo que no tengo que dormir. Sin ti. A 700 kilómetros de aquí la vida tiene que ser mejor. Cualquiera de ellos tiene la oportunidad de cruzarse contigo en cualquier esquina, en cualquier plaza, en el metro, en tu cama, en su vida. Y que suerte la suya.

Aquí el tiempo se ha congelado, los segundos pasan, claro que sí, pero el tiempo no. Sigue siendo 7 de abril, siguen siendo las 3 de la tarde y sigue alejándose el tren. Sigo en la estación. Sigue lloviendo. Sigo llorando.

Sigo sintiéndome culpable de todo sabiendo que nunca nada dependió de mí. Sigue doliendo porque aprendí que hay dolores para los que no hay cura, ni siquiera tratamientos paliativos. No hay morfina para apagar esto. Y ya no sirve de nada dormir.

N*

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