No sé qué es lo que más me gusta de jugar con el fuego, creo que la posibilidad de quemarme y que al menos esta vez sea por mi culpa, que sea yo la responsable, que no tenga a quien culpar de ello.
Y sigo sumando estupideces una tras otra, pero no me arrepiento, por cada una de ellas, he sonreído al menos un par de veces. Compensa.
En el fondo sabemos que somos lo que somos por aquello que anhelamos, hacemos y pensamos. Soñar ya es un mundo aparte. Sobre todo el mío, que sueño más despierta que dormida. Y despierta doy pasos firmes en arenas movedizas sin perder el equilibrio. Quién me lo iba a decir, a mí, que me caía en tierra firme con los dos pies en el suelo.
No me reconozco cuando miro el espejo y alguna de aquellas fotos antiguas, no tengo el mismo brillo en los ojos, ni el mismo miedo, ya no tengo aquel miedo a todo y a nada. Ya no. Aún me faltan un par de pasos para llegar a kamikaze, pero lo estoy haciendo bien. Y ya no sé si es que no duele o que pienso paliar los sufrimientos a base de besos, cervezas y playas desiertas.
N*
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